sábado, 9 de agosto de 2014

DIARIO DE BEATRIZ COLINA Y YÁÑEZ

Hola a todos.
Hoy, os traigo un extracto de lo que podría ser el diario personal de Beatriz Colina y Yáñez.
Beatriz es la hermana de Roberto Colina y Yáñez, el conde de Mora.
Siempre ocupa un puesto más bien secundario, aunque su participación en toda la historia es muy activa.
Estos fragmentos no aparecen en la novela. Pero he decidido compartirlos con vosotros.
Beatriz es toda una dama del siglo XIX.

                                      Es la hora de la cena.
                                      Mi marido entra en el comedor y me da un beso en la mejilla a modo de saludo.
                                     Él se sienta en la cabecera de la mesa. Yo me siento a su lado.
-Algunas veces, tengo la sensación de que nada de esto está pasando-le confieso.
                                    La cocinera nos sirve la cena. Comemos michirones de primer plato. La idea se me ha ocurrido esta mañana.
-¿A qué te refieres?-me pregunta mi marido.
-Me refiero al hecho de que estamos casados-respondo.
-¿Te parece raro?
-Todo me parece raro. El estar enamorados.
                                  Pincho un michirón con un tenedor. Me lo llevo a la boca.
                                  Es una escena cotidiana.
                                  Me repito a mí misma una y otra vez que soy una mujer casada. Pero no termino de creérmelo.
                                  No puedo decir que no lo tengo todo. He encontrado al amor de mi vida. Me he casado con él. Todavía no tenemos hijos. Pero hace unas pocas semanas que estamos casados. No puedo apartar la vista de mi amado esposo mientras cenamos. Él me habla de lo que ha hecho a lo largo de toda la cena. Yo me sirvo un vaso de agua y bebo un sorbo.
                                  Le escucho con atención. Tengo la sensación de que sólo me habla para que pueda escuchar el sonido agradable de su voz.
                                 Se inclina hacia mí y me besa de lleno en la boca.
-Soy muy feliz por tenerte a mi lado, Beatriz-me asegura.

miércoles, 6 de agosto de 2014

EL MONASTERIO DE SAN GINÉS DE LA JARA

Hola a todos.
Hoy, me gustaría hablaros de un lugar francamente interesante.
No se encuentra en La Unión exactamente.
Sin embargo, parte de una historia que tengo en mente desde hace algún tiempo transcurrirá en este lugar.
Se trata del Monasterio de San Ginés de la Jara.
Se encuentra en la diputación de El Beal, en el término municipal de Cartagena. En concreto, se halla en las laderas del Cabezo de San Ginés, en el mismo lugar donde se encuentra la Cueva Victoria, donde están los restos de los primeros humanos que estuvieron en la Región de Murcia: tres restos de homo habilis.
Se sabe que hubo un lugar en el lugar donde se halla el Monasterio dedicado a los cultos mozárabes desde antes del siglo XI.
Se construyó una Ermita junto a la torre defensiva que ocuparon los monjes agustinos.
Fue la orden franciscana la que se encargó de levantar el actual Monasterio en el siglo XVI bajo el patronazgo de los marqueses de Vélez.
El monasterio constaba de:
-La Iglesia de una sola nave y de seis capillas laterales.
-Coro que tenía un órgano barroco.
-Retablo sobre el Altar.
-Un huerto verde y frondoso.
-Jardines.
-Claustro.
-Una torre.
-Varias Ermitas esparcidas a lo largo del Cabezo de San Ginés.
El Monasterio sufrió la desamortización de Mendizábal y empezó el periodo de abandono que concluyó con la ruina en la que se halla.
La historia que me gustaría que vea la luz transcurre en la época anterior a la desamortización de Mendizábal.
Aún no sé cuándo verá la luz. Estoy trabajando en ella.
Seguiré informando.

martes, 5 de agosto de 2014

EPÍLOGO DE "EL FRANCÉS"

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros este pequeño epílogo que le he dedicado a mi relato El francés. 
Espero que os guste.

CARTA DE SARA A SU PRIMA ANA

                         Mi querida Ana:

                         Doy gracias a la Virgen de los Dolores mil veces. 
                         ¡Estás bien!
                         He recibido tu carta esta mañana. Una de las criadas me la ha entregado casi a escondidas cuando yo regresaba de Misa. 
                          Tus padres, mis tíos, no quieren mencionar tu nombre. No han asimilado del todo que te hayas enamorado de un francés. Que te hayas escapado con el que ellos consideran que es nuestro enemigo. La guerra ha dejado muchas heridas abiertas que sangran y no dejan de doler. No cicatrizan. 
                           Me alegro de saber que estás bien. Sé que vives en Marsella. Habéis empezado de cero Philippe y tú. Cuesta trabajo, pero hay que hacerlo. 
                            Pienso, a veces, que la guerra no ha terminado. Hay mucho dolor reflejado en los rostros de las personas que viven aquí. También veo odio. Hay mucho odio disimulado en el ambiente. Se palpa la tensión. Y eso no me gusta. 
                             Yo no quiero quedarme soltera. Por eso, quiero que los caballeros me cortejen. Ya vienen a visitarme unos cuantos aquí. A casa...Una criada se queda con nosotros mientras hablamos en el salón. Me besan la mano. No pasamos de hablar de temas que me aburren. De plantas...De caballos...Del tiempo que hace. 
                             Uno de mis pretendientes se atrevió a besarme en la boca durante un descuido de la criada. No sentí nada y le abofeteé. No pierdo la esperanza de enamorarme. 
                             Te deseo toda la suerte del mundo. 
                             Rezo todas las noches para que Philippe y tú seáis felices. Mis tíos acabarán perdonándote. 
                             Les enseñaré tu carta.
                             Les diré que estáis los dos bien. Que os amáis mucho. Y que la guerra ha terminado. Es la hora de la paz. Yo lo pienso así. 
                             Te quiero mucho. 
                             Te envío el más fuerte de los abrazos. 
                             Y sé que mi prima Carmen está contigo. Desde el Cielo, ella te cuida y te protege. 
                              Cuídate mucho. 
                             Te quiere,
                              Tu prima Sara. 


POSDATA: Me cuentas en tu carta que Philippe y tú ya habéis tenido vuestro primer hijo. Es una niña. Está fuerte y está sana. Me cuentas que es la niña más bonita del mundo. Has tenido un gesto precioso. Vuestra hija se llama Carmen. ¡Me alegro mucho! Carmen sigue viva en tu corazón, mi querida Ana. Al llamar así a tu hija, la mantienes viva. Carmen es el ángel de la guarda de su sobrina. La quiere. Y la protege. Yo lo siento así. 

lunes, 4 de agosto de 2014

MARTINA COLINA Y YÁÑEZ

Hola a todos.
Hoy, seguimos con Martina Colina y Yáñez.
En esta ocasión, no vamos a ver ningún fragmento de su diario.
Voy a enseñaros un retrato que he encontrado de una joven de la década de 1830. Esta joven bien podría ser Martina.



Se trata de una joven bastante guapa. Posee un gusto exquisito para vestir. Igual que Martina...
Su rostro tiene facciones delicadas y su mirada es tranquila y profunda. Igual que Martina...
Pero hay algo en ella que la hace irresistible.
Más adelante, aparecerá en la vida de Martina un hombre que le enseñará a besar. Del que se enamorará y por el que será amada.
La historia de Martina tardará mucho tiempo todavía en ver la luz. Pero prometo que verá la luz.
Aunque sea dentro de algún tiempo.

domingo, 3 de agosto de 2014

MARTINA COLINA Y YÁÑEZ

Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo extracto del diario de Martina Colina y Yáñez.
Espero que os guste.

                                Adela habla en voz alta acerca de las novelas de amor que suele leer en voz alta. No importa si está en el salón con nosotros o si está sola en su habitación.
                                Adela parece que sueña en voz alta. Yo la escucho hablar. El mayor deseo de Adela es recibir un beso de amor verdadero en la boca.

                                  Es ahora cuando he descubierto, gracias a mi amado, lo que es sentir sobre cada centímetro de mi carne cada uno de los besos que él deposita. Sus labios en mi piel...
                                  Es ahora cuando he descubierto, gracias a mi amado, lo que es sentir su lengua recorriendo cada porción de mi cuerpo.
                                  Los besos que me da en los labios. Las caricias que me brinda con sus manos. Con sus labios...Los abrazos que me da.
                                  Es el verdadero amor. Y lo he descubierto gracias al hombre que verdaderamente amo con todas mis fuerzas.



                                 He sentido placer cuando ha besado mi cuello. He sentido placer cuando ha besado mis hombros. Me he entregado a él sin sentir miedo alguno.

sábado, 2 de agosto de 2014

MARTINA COLINA Y YÁÑEZ.

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros un extracto del diario de Martina Colina y Yáñez.
¿Y quién es Martina?
En teoría, Martina es la hermana menor de Roberto Colina y Yáñez, conde de Mora, nacida durante la estancia de la familia en su finca del caserío de Los Vidales, en El Garbanzal. Cuando Martina viene al mundo, Roberto tiene dieciséis años.
La realidad acerca del origen de Martina es bien distinta. Y hasta aquí puedo leer.
El diario de Martina no viene en ninguna de las novelas. Pero pienso que nos permite conocer un poco mejor a esta encantadora joven.

                                Me gusta salir a pasear por la Alameda de San Antón.
                                Es Beatriz quien suele empujar mi silla de ruedas, mientras mi prima Adela camina a mi lado. Las dos me cuentan anécdotas de cuando venían a jugar con Roberto, con Adelaida y con Alejandra cuando eran pequeñas. Les acompañaba siempre su niñera. Y no podían dejar de corretear de un lado a otro.
                                  Yo también he estado aquí jugando cuando era más pequeña. Cuando todavía podía caminar.
                                   Y siento el inmenso deseo de levantarme de mi silla de ruedas y echar a correr. Adela advierte lo que me está pasando. Beatriz deja de empujar mi silla de ruedas. Adela me da un beso en la sien.
-Siempre terminas llorando-me regaña con suavidad.
-Es porque echo de menos el poder correr-le aseguro-El poder subirme a los árboles. El poder caminar.
-Y volverás a caminar algún día-me asegura Beatriz.
-Todos sabemos que eso no va a pasar-me lamento-Ya fue muy claro el médico hace algunos años. Estoy condenada a vivir postrada en una silla de ruedas. Nunca podré levantarme de ella. No volveré a caminar. No volveré a correr. No volveré a ser como era antes.
-¡No me gusta que tires tan rápido la toalla, Martina!-protesta Adela.
-Quizás, mi problema es que soy realista.
-El problema es que eres demasiado pesimista-se queja Beatriz.
-No quiero ser una carga para ninguna de vosotras. No quiero que madre sufra por mi culpa. Tenéis derecho a hacer vuestra vida. Yo podría terminar en un convento. Me cuidarían bien allí. Estaría bien atendida.
-Nosotras te atendemos. Nosotros te cuidamos. Te queremos, Tina. No olvides. Somos tu familia.
                          Noto cómo las manos de Beatriz me aprietan con suavidad los hombros. Me indican que siempre estará a mi lado. Y yo se lo agradezco de corazón. Necesito a mi familia en estos momentos más que nunca.

 

viernes, 1 de agosto de 2014

FRAGMENTO DE UNA DE MIS NOVELAS

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros un fragmento de una de mis novelas que transcurre en La Unión.
Espero que os guste.

                                    Se estaba acostumbrando a vivir en el Monasterio de San Ginés de la Jara. Todo esto lo pensó mientras daba un paseo por el jardín del Monasterio.
                                    Se levantaba mucho más temprano que de costumbre para ir a la capilla a rezar las vísperas. Trabajar duro no le importaba. Llevaba toda su vida trabajando duro.
                                    Había trabajado en el campo desde que le alcanzaba la memoria. Por eso, no le preocupaba nada trabajar en el huerto que había en el Monasterio. Dormía en un camastro estrecho. Pero había dormido toda la vida en un camastro estrecho en la casa donde vivió junto con sus padres.
                                   Llevaba algo mal los días en los que había que hacer ayuno. Sabía que el ayuno ayudaba a purificar el espíritu.
                                   Se sentó en un banco de piedra que había en el jardín. Contempló el jardín. El edificio...La capilla...
                                    Era su deber tomar los hábitos, pensó. No podía fallarle a sus padres. Ellos le habían cuidado como si fuera su verdadero hijo. Deseaban tener un hijo y apareció él. El hijo de su corazón...
                                    Me quedaré aquí para siempre, decidió. Escuchó el canto de los pájaros. Decidió que no le importaría pasar el resto de su vida en el Monasterio de San Ginés de la Jara. Y convertirse en fraile.