viernes, 13 de febrero de 2015

AMOR EN LA ISLA

Hola a todos.
No me olvido de este relato.
Un amor soñado está más cerca del final porque le quedan unos pocos fragmentos.
En cambio, todavía falta algo para llegar al final de Amor en la isla. 
Vamos a ver lo que pasa hoy entre Marcos y Diana.

                               La siguiente vez que Marcos vio a Diana, la joven no estaba sola.
                                  Había salido a pasear por la playa. La acompañaba su hermana Lorena.
                                 También iba con ellas su doncella, de modo que Marcos decidió mantener una distancia prudencial con Diana.
                                 Sin embargo, pudo admirar el perfil patricio de la joven. Su barbilla era delicada. Y su nariz era pequeña y puntiaguda. Lorena caminaba cogida del brazo de su hermana.
-¿Cuántas barcas ves?-le preguntó.
-Veo unas cinco barcas a lo lejos-respondió Diana-Aunque puede que haya más. Pero no logro verlas.
                                Desde el primer momento en el que Marcos vio a Diana, supo que estarían juntos para siempre.
                                Nunca pensó que acabaría enamorándose a primera vista. Pero, en su caso, había ocurrido de aquel modo. Diana era la mujer con la que quería casarse, tener hijos y hacerse viejo. La mujer con la que iba a pasar el resto de su vida.
-No se distraigan, niñas-les ordenó la doncella.
                              Marcos se daba perfecta cuenta de que había algo en él que atraía y repelía a Diana a partes iguales. Por un lado, la joven sí quería estar con él, pero, por el otro, parecía querer huir de él a toda costa. Y Marcos estaba muy confundido.
                             El cabello de Diana estaba recogido en un moño. Sin embargo, algunos mechones de pelo se habían escapado de su moño.
                              Sopló una brisa marina. Fue una fuerte brisa que agitó los cabellos de las mujeres que estaban cosiendo redes en la playa. O que estaban limpiando pescado.
                             El viento azotó los rostros de Lorena y de Diana.
                             Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Diana.
                             Le dio un tirón suave al brazo de Lorena. Su hermana se percató de que quería decirle algo.
-¿Qué ocurre?-inquirió.
                           A tientas, posó su brazo sobre el brazo de Diana.
                           La joven no supo qué contestar.
                          Pero tenía la sensación de que alguien la estaba mirando. ¿Y si Marcos estaba escondido entre las rocas observándola?
-No pasa nada-contestó Diana, mintiendo.
                        Tiene los ojos del mismo color negro que la noche más oscura, sin Luna ni estrellas, pensó Marcos. Y sintió que la amaba con más fuerza que nunca.


-Hay alguien mirándonos-comentó Lorena. 
-¿Qué dices?-se extrañó Diana. 
-Yo siento que alguien nos está mirando. 
-Estamos las dos solas aquí, con nuestra doncella. Hay mujeres que están cosiendo redes. Serán ellas. 
-No...No son ellas. Es otra persona. 


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